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RUTAS TURÍSTICAS  
 
Desde la salida de Turre hacia Los Gallardos, a la derecha de la carretera, serpentea un camino con un indicador que señala Cadima. Tras cruzar el lecho del Río Aguas, que puede hacer honra a su nombre, remontamos el escarpe de su orilla y proseguimos hacia la izquierda, por encima de éste.

Otro cartel, cerca de un cortijo, anuncia que nos encontramos en ese paraje ¿Sorpresa?, efectivamente, no hay restos espectaculares, aunque sí algunas partes de los muros de sus casas, y dicen los entendidos que, restos de la almazara y molinos. Lo que sí observamos, es la presencia de abundante tégula, clara alusión a un poblado de la cultura romana.

Tras la, no tan llamativa, pero creemos que interesante, visita, volvemos hacia atrás y, al alcanzar el asfalto, tomamos dirección a Los Gallardos.

Muy cerca de aquí, a la izquierda de la carretera, todavía con las últimas casas del pueblo a nuestra vista, ascendemos una empinada calle para acercarnos al caserío de Torre Cabrera.

Frente a nosotros se levanta airosa Sierra Cabrera con un llamativo verdor, que también acompaña nuestro discurrir, junto a una vega cubierta en toda su extensión del verde brillante de los naranjos. La pista de tierra bordea los cultivos y, tras una serie de vueltas, termina en un gran repecho donde aparecen las edificaciones de Torre Cabrera.

Nos sorprende, la siempre sugerente, y más en estas tierras, contemplación de un lago que, incluso con alguna barca, anima a su paseo.

Un cortijo de colores terrosos, constituye un idóneo establecimiento dedicado al descanso. Además, ofrece, en tan apartado lugar, la posibilidad de paseos en bicicleta, a caballo, senderismo, etc

Todos los alicientes, en definitiva, para aquel que quiera pasar unos días al margen del "mundanal ruido", rodeado de vegetación y agua en pleno corazón de la Sierra Dulce.

El descenso explica ya la frondosa vegetación, al recordar el lago que hemos visto más arriba. Alcanzamos, de nuevo, la carretera y continuamos, bordeando la sierra, entre olivares y pitas.

A nuestra derecha, discurre el Río Aguas, arrastrando un fluido lechoso, que nos traslada con la imaginación al no muy lejano Karst de los Yesos de Sorbas. En las orillas de este río, se suceden molinos sugerentes que dan la posibilidad, a quién lo desee, de realizar un interesante itinerario opcional para disfrutar con su contemplación.